
Pobre, hambrienta, actriz sin ningún talento, dispuesta a todo con tal de hacer carrera, amiga de los militares, astuta, arribista, prepotente, inescrupulosa, sedienta de fama, frívola, misógina, ambiciosa, pudorosa, honesta, solidaria, tenaz, orgullosa, amiga leal…
Estos y otros papeles más fueron los representados en vida por una de las figuras más conocidas de la Argentina de todos los tiempos, la mítica Eva Duarte.
La que, aunque producto de su cercanía con el poder político, particularmente con el presidente Juan Domingo Perón, llevó también este último apellido, fue simplemente Evita.
Casi una santa, “el fantasma de sí mismo”, narra ahora la italiana Iaia Caputo (1960) en La versione di Eva, una extraordinaria novela que la autora fue imaginando durante veinte largos años y que afortunadamente se encuentra disponible en su traducción al español, La versión de Eva, a cargo de María Teresa D’Meza y Rodrigo Molina-Zavalía, en el Fondo de Cultura Económica.
No es la primera ocasión que se ficciona la vida de esta mujer nacida en los ambientes más humildes del extrarradio bonaerense en 1919, y muerta en la cúspide de todas las famas en 1952 (solo recordaré aquí Santa Evita de Tomás Eloy Martínez, también trasladada a serie de televisión). Sí, uno de los más acertados retratos de este personaje que, desde distintas voces narrativas, Caputo consigue retratar en todas sus dimensiones.
La versión de Eva arranca con una fecha significativa.
Aquellos días de agosto del 51 cuando, en entredicho la permanencia en el poder del mismo Perón, el tiempo de Evita pareció romperse. De un costado, la posibilidad de acceder ella misma a un encargo del tamaño de la vicepresidencia, del otro su sometimiento a una decisión unipersonal en torno a su vida.
Tiempo en el que pareció apuntalarse eso que sociopolíticamente se conocerá como populismo, mediante la movilización de una masa que trasladó su “fanatismo político hacia el fervor religioso”.
“Es a Evita a quien quieren, a quien anhelan, a quien reclaman, y esa súplica se articula en tres sílabas que llevan el ritmo de un tambor. E-vi-ta E-vi-ta”, leemos en la novela de Caputo.
“Desecho de los bajos fondos”, se dirá de Evita. (Mucho contribuyó a estas caracterizaciones un colectivo de artistas e intelectuales celosos, incluido el mismísimo Borges).
“Mujerzuela sin cultura ni buenos modales”, la calificarán otros.
Pero, ante todo, “es mi culpa, toda mi culpa”, Evita seguirá al lado de sus descamisados, quienes ni en el tiempo la olvidarán. (El adjetivo viene de las masivas concentraciones con las que las clases populares argentinas apoyaron la gestión de Perón, en pleno centro de Buenos Aires, y con altas temperaturas, por lo que debían quitarse la camisa ante la concentrada humedad).
Vendrá la enfermedad.
El final.
Sin dejar de lado el entretejido más personal con el que se relacionaban las cuestiones políticas de la Argentina de medio siglo. La transformación del movimiento popular en partido de Estado. El asistencialismo. La difícil relación entre clase política y milicia. “Qué cruel es ese momento en que la vida decide desilusionarnos, cuando sin gracia alguna quita ese velo blanco y vaporoso ante nuestros ojos y nos revela la amarga verdad del espectáculo que no obstante creíamos conocer tan bien”.
“El 26 de julio Evita [jefe espiritual de la Nación] muere en el Palacio Unzué, la residencia presidencial”. Cáncer, la causa.
“Tan hermosa, tan joven y vigorosa sólo doce meses atrás, ahora yacía dentro de un ataúd” (p. 221). “Aquella que había sido la mujer más poderosa del planeta estaba sobre una cureña de cañón tirada por hombres con camisas blancas”.
Delgadísima, apenas un asomo de seno, casi informe, piel de alabastro y ojos inolvidables, una chica corriente, ni guapa ni fea, delgada, demasiado delgada, vestidos de mal gusto. Morena, luego rubia, cada vez más rubia, curvilínea, carismática, ataviada con vestidos suntuosos, adornada como una madona, excesiva, vulgar, derrochadora…
Otros de los papeles representados por la argentina Evita, “puro espíritu”, recuperada para nosotros en la novela de Iaia Caputo, La versión de Eva, novela polifónica que de tan cierta leemos como una gran fantasía.
Iaia Caputo es también traductora y periodista. Ha colaborado en Marie Claire, Il Mattino, Rai y La Repubblica. Su obra trata cuestiones de género, el papel de la mujer en la sociedad y los derechos de las mujeres. Es una luchadora en contra de la violencia de género y cofundadora de la asociación Se non ora quando?, cuyo objetivo es promover el debate sobre el sexismo, el machismo y la cosificación de las mujeres, así como luchar por la igualdad de los derechos y oportunidades.