Cultura

'Adolescencia': la miniserie que ha puesto en jaque a los padres

Las series televisivas se han convertido en el entretenimiento más empleado por una buena parte de la población. Como es de esperarse, abundan en ellas los lugares comunes: detectives, guerras, e historias de amor que terminan por parecerse tanto unas a otras, de modo que rápidamente se olvidan y pasan a ser una serie más.

Por eso cuando una de ellas resalta por magistrales actuaciones, una trama original y un mensaje fuerte, deja de ser una más del montón y se queda como un evento que transforma la vida. Esto sucede con Adolescencia, la serie que, de acuerdo a Stephen Graham, su creador, se inspiró en varios casos reales de violencia entre compañeros de escuelas. Graham aseveró que “quería entender qué está pasando con nuestra juventud, por qué un niño reacciona con tal brutalidad” y añadió: “Hay algo que no estamos viendo como sociedad”.

¿Qué está pasando con nuestros adolescentes? Si algo queda claro después de ver esta serie, es que ellos viven en un mundo desconocido para gran parte de los adultos. El lenguaje que emplean en las redes sociales es indescifrable para gran parte de los adultos, porque las redes han creado su propio mundo, del cual nadie puede escapar, ni aun cambiando de escuela, casa o ciudad: no se puede cambiar el mundo de las redes sociales.

Lo anterior implica que un joven burlado en redes sociales, cargue con un estigma permanente, y cuando esto sucede a un joven con inestabilidad psíquica y con nula atención en casa, las cosas pueden tornarse peligrosas.

Jamie, el personaje central, ha ingresado en la manosphere. Ese término se ha traducido como la “machósfera” o “manósfera”, esto es: grupos de jóvenes atrapados en la misoginia que culpan a la mujer por su rechazo social y a la vez afirman que no existe violencia alguna contra las mujeres. Éstas, son vistas como el origen de sus problemas y por lo mismo la violencia contra ellas se torna radical.

Los padres de Jamie, adolescente de 13 años, son buenas personas que cuentan con pocas herramientas para darse cuenta de lo que atraviesa su hijo, el cual llega a casa para encerrarse en su cuarto y permanecer en la computadora hasta la una de la mañana. Esto encendería el foco de cualquier progenitor medianamente involucrado en la crianza de sus hijos, pero la familia de Jamie no tiene ni el tiempo ni la capacidad de ver en esto peligro alguno.

Lo que asusta al espectador es corroborar que la distancia que abren las redes sociales y el mundo del internet entre padres e hijos es abrumadora: los padres no tienen idea de lo que están viviendo sus hijos adolescentes. ¿Queda algo por hacer? En Inglaterra, lugar de origen de esta serie, se ha propuesto que ésta se transmita y comente en todas las escuelas como parte del proceso educativo de los niños y adolescentes.

La serie ofrece una pequeña “tabla de salvación” al espectador: el policía que investiga el caso termina por invitar a su hijo a pasar tiempo juntos porque, le dice, lo ama.

Siempre ha existido una brecha generacional entre los padres y sus hijos, pero hoy la brecha es brutal. Lo que queda es en efecto sacar a la luz este diálogo entre padres e hijos para acortar la distancia generacional provocada por el internet.

Esta serie es una terrible y formativa experiencia: nadie debe dejar de verla.


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Paulina Rivero Weber
  • Paulina Rivero Weber
  • paulinagrw@yahoo.com
  • Es licenciada, maestra y doctora en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus líneas de investigación se centran en temas de Ética y Bioética, en particular en los pensamientos de los griegos antiguos, así como de Spinoza, Nietzsche, Heidegger.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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