Estos elementos han logrado transformaciones en campos específicos, pero también han derivado en inconformidades con sus resultados en acuerdos y en negociaciones, debido a que la comunicación no se ha generado con base en las mismas herramientas con que se comprende a la sociedad desde el impulso de una idea la cual difiere de los objetivos de interés común, sus metas y su campo de injerencia. Esto puede ser debido a la disparidad de los códigos de comunicación.
Esto tuvo su punto culminante en los conflictos sociales entre los diferentes sistemas que han compuesto a la democracia en sus tres renovaciones del siglo pasado, lo que permitió su aumento y exigió evaluaciones para desarrollar la equidad. Además, perfeccionó la participación ciudadana. Por ello, se define a la ideología social como un conjunto de principios y valores que están ligados a los mismos intereses comunes por normas que construyen un sentido común alejado del concepto científico.
Desde esta lógica, aumenta la complejidad social. Así es la perspectiva de cómo perciben y actúan sobre los problemas sociales las definiciones ideológico-sociales, las cuales no necesariamente coinciden con la ideología de los partidos políticos. Esto es muy importante para enganchar con la sociedad en programa, proyecto y estrategia de su agenda propia ya que a veces no toman en cuenta la realidad que vive la ciudadanía.
Lo hemos visto en Hidalgo: las ideologías de los partidos están alejadas de las problemáticas sociales y por tanto no poseen connotación alguna de los conceptos reales de la ideología social: sólo tienen un interés cuantitativo del voto sin resolver conjuntamente sus necesidades y sus problemas. Sólo ven su beneficio para llegar al poder. Por ello, la ideología social está alejada totalmente del sistema que suelen aplicar los partidos.
Pese a que la mencionada ideología está en su auge, debe transformarse para poder resolver sus propios problemas e impulsar la participación real en la política social y económica. Los partidos políticos tratan de restarle fuerza para acabar con el desarrollo que aplica la sociedad.