Por quinto año consecutivo el erotismo invadió el hotel Matilda para celebrar a San Valentín, con una fiesta que provocó los sentidos de los invitados, primero con una experiencia inmersiva y después con la Cena Erótica que sirvió la chef Enid Vélez, quien fue más allá de “lo tradicional” e hizo a un lado los ingredientes afrodisiacos en su propuesta gastronómica, para provocar “que durante toda la noche los sentidos estuvieran en acción con las texturas y detalles mexicanos”, con que integró sus preparaciones, dijo a MILENIO.

El lobby del hotel se transformó para dar paso a la expectación, morbo y diversión. Una mesa llena de flores con veladoras, un maniquí con un diseño en negro y rojo de Rita Naveda y Rodrigo Pifarrer y dos cubículos divididos con un letrero, en el que se leía : “Entras bajo tu propio riesgo” integraron el montaje diseñado por Óscar Román y Maggui Arias, directora de Operaciones de Matilda.
A las 20:00 horas se dio la tercera llamada. Así que los invitados, en su mayoría parejas, que ya disfrutaban de los cócteles a base de tequila Casa Dragones – Tentación en la Tierra, Beso Negro y Mariposa Traicionera –que sirvió Julio y su equipo de la Mezcaleria Gixi; dejaron el área del bar y se trasladaron al lobby del hotel.
“La idea es que cada uno de ustedes entre a los cubículos - uno para hombres y otro para mujeres- y deje que sus sentidos vivan la experiencia que hemos preparado”, explicó Román.

La curiosidad provocó que un par de parejas tomará la delantera, mientras el resto de los invitados, expectantes, prefirieron ver las reacciones de los debutantes en la experiencia erótica, la cual vivieron con los ojos vendados.
Risas nerviosas y rostros pícaros fueron las escenas que se replicaron cada vez que los invitados salían de los cubículos chupando una paleta.
Cuando la noche crecía, una sorpresa inesperada, tanto que ni los realizadores del montaje sabían de su presencia; hizo su aparición. Todas las instalaciones del hotel quedaron a oscuras. Parecía parte del juego erótico, pero tras varios minutos de expectación, quedó claro que la penumbra era una acción fuera del montaje y afectaba a todo el centro del poblado.

Sin embargo, el amor no sucumbió a la provocación, y la fiesta continuó. Los que aún no pasaban al cubículo aprovecharon la oscuridad para vivir de manera discreta el erotismo que provocaba los sentidos en ese breve espacio, de apenas un metro cuadrado; luego de que el guía daba instrucciones para valerse del olfato, tacto, oído, gusto y vista para describir los objetos que pedía explorar.

Al filo de las 9, la más esperada regresó, para iluminar la fiesta que continuó en el restaurante Moxi, donde con antifaces, látigos y pezoneras; entre otros artículos dispuestos en las mesas –y que muchos de los invitados ya hacían parte de su outfit–; sumándose así a la atmósfera erótica, que subió de intensidad apenas se empezó a servir la cena.

Un ostión con aguachile rojo marcó fue el inicio de la exitosa propuesta de la chef Enid, quien dio secuencia a su provocador festín de sabores con un Tiradito de pescado con coco y maracuya.
Alrededor de 50 comensales fueron sucumbiendo a la conquista de los sabores que sirvió la chef tampiqueña, especialmente cuando un Hummus de hoja santa,que propuso maridar con un Domecq Chateau Blanco del Valle de Guadalupe, llegó a la mesa.

“Ese platillo era para que se lo comieran con las manos, para que se lo embarraran”, dijo la chef a MILENIO al final de servir la cena.
El rey de la noche apareció en la mesa bajo el nombre de Tamal encuerado con lengua de res, una verdadera delicia que enamoró el paladar hasta de los más escépticos y se propuso acompañar con un Domecq Chateau Tinto.

El murmullo entre las mesas se combinaba con la música que ofreció la Dj, Martha, quien hasta en los momentos de penumbra, contó con el equipo necesario para que el sentido del oído siempre fuera acariciado con su propuesta musical.

Al filo de las 10 de la noche, un plato multicolores se aproximó a las mesas, era Un pastel de tres leches que con frutos rojos, cacao y vainilla que primero, acabó agasajando la vista; y después, premiando al gusto. Para hacer pareja se propuso un Warnau Brut, Cava Penedes.

Los invitados no habían acabado de saborear su postre cuando la chef Enid salió de la cocina y a su paso encontró una sonora ovación, que materializó el éxito que ya se había comentado en las mesas a lo largo de la velada.
Franca, como buena norteña, solo expresó: “Muchas gracias. Espero que el menú haya cumplido con sus expectativas”, y a MILENiO precisó: “Traté de salir de lo convencional y buscar más allá del tema afrodisíaco, dándole un toque mexicano, con diferentes texturas y experiencias en cada platillo, para que sus sentidos se desarrollaran durante la cena”

Al preguntarle qué la inspiró para crear la Cena Erótica, expresó: “Yo soy muy tragona y pongo en la mesa lo que yo me comería, lo que se me antoja y me gusta que los sabores exploten en mi boca”.
AJR