¿En qué momento creímos que sería posible quitarnos esa cosa de encima? Pensamos que con un golpe certero lo lograríamos. ¡Qué estúpidas fuimos!¿Quién nos iba a decir que eso gris que veíamos al levantar la mirada no era una romántica tarde gris que anunciaba lluvia, sino eso, lo que en realidad es, un techo sólido de cemento gris? ¿Cómo nos íbamos a imaginar que habían cruzado varillas de calibre grueso y echado cemento sobre ellas? Ahora sé para qué sirve la superficie rugosa de las varillas: para que cuando el cemento escurra se agarre todavía con más fuerza. ¿Cómo se nos iba a ocurrir que habían esperado hasta que secara y los desgraciados habían echado otra capa de cemento encima para que la losa fuera aún más resistente y maciza? Y nosotras que pensábamos que era un techo de cristal. ¡De cristal! ¡Por favor!, el que hicieron era de cemento puro.
Ya bien entrada la noche, Cuauhtémoc Blanco, siendo aún gobernador de Morelos, entró al cuarto de su hermanastra Nidia Fabiola. Venía ansioso, con los ojos rojos y con aliento alcohólico. Inmovilizó a Nidia en una esquina de la cama, le tocó los senos y mientras le jalaba el pijama para arrancárselo a tirones, le buscaba la boca para besarla. Por fin logró ponerse sobre ella, imprimiendo un peso similar al de un techo de cemento macizo que le hubiera caído encima, así intentó violarla. Ella lo empujó con las piernas, con los brazos. Después con manotazos y golpes. Él le tapó la boca para que no gritara, pero aun así se escucharon los gritos: ¡Ayuda!
Esta es parte de la denuncia que Nidia Fabiola hizo sobre el acoso de su hermanastro, misma que la fiscalía de Morelos presentó en el Congreso para lograr revocar el fuero y que Cuauhtémoc Blanco pudiera enfrentar la justicia.
Desde el día anterior a que se diera trámite al proceso se decía que las 251 legisladoras mujeres le creerían a la víctima y, como habían llegado juntas, juntas votarían a favor del desafuero. Solo había que votar, no permitir que se volviera a proteger a un hombre acusado de acoso sexual, como lo hiciera el ex presidente con Félix Salgado Macedonio. Solo había que levantar la mano y rajar ese techo de cristal. No lo hicieron.
La mayoría de las legisladora morenistas votaron a favor de Blanco, también las priistas y las del Verde. PT, MC y PAN votaron en su contra. Cuauhtémoc Blanco había ganado. Contra toda normativa el ex gobernador subió a la tribuna y tomó el micrófono rodeado de legisladoras morenistas que coreaban: ¡No estás solo! ¡No estás solo!
Dicen que fue uno de los días más vergonzosos y tristes para el feminismo mexicano. Tal vez, pero para mí lo peor fue la manera tan humillante en que se nos rompieron las manos de tanto golpear cemento y la forma en que se nos abrieron los ojos.
Al día siguiente, la Presidenta estuvo de acuerdo con la defensa a Cuauhtémoc Blanco, y lo peor, ni siquiera mencionó a la víctima. Todo lo cual hace pensar que cuando nuestra Presidenta dijo que si llegaba una, llegaban todas, no era verdad. Que en realidad no había llegado ninguna. Que los techos de cemento están por encima de todas. Que de manera vergonzosa no había llegado la víctima y, por lo mismo, no había llegado tampoco ella misma.