Política

Héctor Gutiérrez, el operador discreto

La política de conflicto requiere estridencia, por el contrario, la política de composición es discreta. Altisonancia buscando primeras planas o destacar en las columnas políticas: el sombrerazo y el grito. Acaso el conflicto realmente sea el tábano del pensamiento (John Dewey). Antes del ascenso como gobernador de Samuel Alejandro García Sepúlveda no existió una política de composición, la más alta política, tampoco una política de acuerdos sino una política de componendas para obtener el botín de Nuevo León mediante el saqueo, así en el sexenio de Rodrigo Medina de la Cruz, cuando se consolidó el PRIAN, así en el gobierno de Jaime Rodríguez Calderón, la gozadera sexenal de la fiesta de los bandidos.

Los teóricos de la Escuela de Turín pueden ser buenos referentes para analizar la situación de Medina y Rodríguez Calderón. La componenda devino en lo que Michelangelo Bovero denominó kakistrocracia: “Imaginemos que por la misma fuerza de los acontecimientos (como en Roma, pero al contrario: acontecimientos nefastos), o por un diseño meditado (como en Esparta, pero al contrario: un diseño perverso), o por ambos factores, la tendencia oclocrática plebeya, la oligárquica de tipo plutocrático y la tiránica dictatorial converjan hasta formar una alianza poderosa y victoriosa. Imaginemos, pues, ver reunidos en un solo régimen no los caracteres eminentes de las mejores constituciones, sino los más deplorables de las peores; no las virtudes de las formas de gobierno rectas, sino los vicios de sus correspondientes formas corruptas. El resultado sería un ‘gobierno mixto’ exactamente opuesto al de la ‘receta’ de Polibio: no la ‘óptima república’, sino la ‘pésima república’, que es peor, por suma de sus males, que cualquiera de los regímenes corruptos simples, porque reuniría en sí las perversiones de todos. Sería el peor gobierno en la medida en la que es el ‘gobierno de los peores’, de las distintas especies, recogidas y combinadas juntas casi como si fueran ingredientes, no de una receta sanadora, sino de una fórmula venenosa: de un maleficio. Si quisiésemos darle un nombre, propondría llamarlo kakistocracia: precisamente lo contrario de la aristocraciaentendida en el sentido más amplio y noble de ‘gobierno de los mejores’ (Una gramática de la democracia. Contra el gobierno de los peores. Editorial Trotta, 2002, p. 144).

Hartos de la descomposición de la vida pública de Nuevo León, los ciudadanos optaron por García Sepúlveda y, bajo el chantaje político, el PRIAN quiso prolongar su cooptación. No lo logró, se instaló entonces la política de conflicto, una política de crisis; la política es la extensión de la guerra por otros medios, retorció el clásico. Más que domesticar, faltó civilizar la política porque desde hace tres años se entendió desde el belicismo: “La distinción política específica, aquella a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos políticos, es la distinción de amigo y enemigo” (Carl Schmitt). Para trascender las componendas y el conflicto se propuso, desde la Presidencia de la República, un acuerdo político que destrabara el Presupuesto estancado y llegar a una nueva gobernanza despolitizando la Fiscalía General, ante todo.

Los nombres de la política de composición, para superar las antiguas componendas y el trienio de conflictos, ahí están: Claudia Sheinbaum Pardo, Rosa Icela Rodríguez, Omar García Harfuch, César Yáñez, Samuel García, Adrián de la Garza, Javier Flores. Personaje del movimiento político de traslación y rotación, uno que, por su discreción, surge poco, el nombre de Héctor Gutiérrez de la Garza. Oficiante de la institucionalidad, Héctor es el perfecto operador discreto; transversalmente, la gobernación de Nuevo León pasa por Gutiérrez de la Garza. Quien no lo entienda, poco entiende la política actual del estado. ¿Quieren resolver un conflicto? Better call Héctor!

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José Jaime Ruiz
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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