Política

Recesión, Trump, nubes negras

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Gil cerraba la semana bajo una nube de pensamientos nefandos. Lentamente pero sin pausa, la palabra “recesión” ha penetrado en los medios como la humedad en un muro. Gamés se la encuentra hasta en la sopa. Aunque Gilga estudió dos veces la licenciatura en economía, se le olvidan algunos conceptos. En esas estaba cuando encontró en un elegante restorán a Juan Eduardo Martínez Leyva, quien además de economista es un conocedor de la mitología y ha publicado un libro inteligente y ameno: Mitos clásicos y sueños públicos. (Cal y Arena, 2024). Sentados en un rincón del restorán y protegidos por un Ganso Salvaje, Gil le hizo diversas preguntas a Martínez Leyva y éste respondió de corrido. Cualquier error de estos subrayados orales (que no existen pero deberían existir), se debe a Gamés y no al economista de marras. Aquí vamos.

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La recesión es una disminución generalizada (es decir, en todos los sectores) de la actividad económica durante varios meses. Los economistas han convenido que cuando el Producto Interno Bruto de un país es negativo durante dos trimestres consecutivos, se puede hablar de que ese país entró en recesión técnica.

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En México, el último trimestre de 2024 el PIB disminuyó 0.6 por ciento y con datos ya conocidos de la demanda y la inversión de enero y febrero, se estima que en el primer trimestre de 2025 el PIB disminuya en un porcentaje de ese orden. Poco menos del uno por ciento. Con lo que se puede decir que México ya entró en recesión.

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La recesión implica una disminución de la inversión, la demanda, el consumo, las exportaciones y los ingresos que reciben los agentes económicos, personas, empresas y gobierno. Tiene efectos negativos en la producción y el empleo. También tiene un impacto negativo en la recaudación de impuestos, es decir en los ingresos del gobierno, en virtud de que las personas y las empresas que tributan lo hacen pagando una proporción de sus ingresos. Si esos disminuyen cae el ingreso tributario.

Ello implica, en consecuencia, que el gobierno no pueda cumplir la meta de disminución del déficit fiscal, que es muy alto.

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Lo de los aranceles es un poco más complicado porque Trump no ha sido muy claro del alcance que tendrían para las exportaciones mexicanas.

El primer anuncio se hizo para gravar a todas las importaciones estadunidenses de automóviles. Luego hubo un segundo comunicado en el que se excluían de los aranceles a la parte de los automóviles que contenían componentes de origen estadunidense.

Lo que implicaría una dificultad administrativa casi imposible de llevar a la práctica. Alguien, alguna agencia gubernamental, tendría que certificar que parte de un automóvil se grava y que parte no.

Además de que esto último sería violatorio del T-MEC se percibe como una ocurrencia por desconocimiento que tendría que corregir Trump.

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Si el déficit fiscal se mantiene elevado, como todo parece indicar, la forma de corregirlo es mediante una reforma fiscal o recurriendo a más endeudamiento. Como este gobierno y el anterior han renunciado a la reforma fiscal, lo más probable es que se recurra al incremento de la deuda pública que ya ronda los 17 billones de pesos, por encima del 50 por ciento del PIB.

El problema de recurrir a más deuda es que el servicio de la misma (el pago de intereses) se hace con cargo al presupuesto. Esto hace que el gobierno tenga que hacer recortes en el gasto público, de por sí muy presionado por el alto déficit fiscal, para dejar espacio para pagar la deuda. Es decir, más austeridad. La austeridad en el gasto y la inversión pública agrava el asunto del bajo o nulo crecimiento, lo que dificulta salir de la recesión. Si estas cosas suceden, como es probable, las calificadoras de deuda podrían retirar el grado de inversión al país, lo que sería catastrófico.

Este escenario está ahí para el que lo quiera ver.

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La forma de darle la vuelta a esta negra perspectiva, es propiciar o crear un ambiente de confianza para hacer que la inversión privada vea a México como un lugar seguro y amigable para invertir. La inversión privada es, por ahora, la única vía para superar el entorno recesivo.

Las amenazas de Trump, pero sobre todo, las reformas constitucionales, particularmente, las que tienen que ver con la elección de jueces y magistrados, que deteriora el estado derecho; la eliminación de lo órganos autónomos; la captura de los órganos electorales, todo esto y más, juega en contra de ese necesario ambiente de confianza que requieren los inversionistas privados, nacionales y extranjeros.

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Las reformas constitucionales propuestas por el gobierno anterior y aprobadas en esta administración, conspiran contra ese ambiente que requiere el capital privado para arriesgarse a invertir en México.

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Todo es muy raro, caracho, Gilga repitió esta frase varias veces durante la charla con el economista de marras: “Está cabrón”.


Gil s’en va


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Gil Gamés
  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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