Política

Universidades, activo estratégico

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  • Universidades, activo estratégico
  • Carlos Iván Moreno Arellano

En Moby-Dick, el capitán Ahab arrastra a su tripulación a la perdición por su odio irracional hacia la ballena blanca, ignorando advertencias, sacrificando toda razón, y aferrado a una cruzada autodestructiva. La obsesión —nos enseña Melville— es una pésima consejera.

Algo similar puede decirse hoy del discurso antiuniversitario que crece en Estados Unidos, donde atacar a la educación superior se ha convertido en una incomprensible estrategia electoral, con consecuencias profundamente regresivas para el país. El presidente Donald Trump y su círculo cercano han abrazado una narrativa en la que las universidades son vistas como “el enemigo interno”: fábricas de disidencia, semilleros de ideología “woke”, y hasta amenazas a la identidad nacional. Esta cruzada se ha traducido en retiro de fondos para la investigación, despidos masivos, restricciones a la libertad académica y hasta procesos judiciales contra estudiantes por participar en movimientos políticos.

Ejemplos sobran: la cancelación de 400 millones de dólares en subsidios federales a la Universidad de Columbia, o el reciente impulso por parte de gobiernos estatales conservadores para cerrar programas de estudios étnicos y limitar investigaciones con perspectiva de género.

Nada de esto responde a una estrategia con visión de futuro. Estados Unidos no sería la potencia que es —ni económica, ni científica, ni tecnológica— sin su sistema de educación superior. Las universidades públicas, fundadas en el siglo XIX bajo el modelo de Land-Grant, fueron motores de industrialización y movilidad social. Y en el siglo XXI, las universidades han liderado la carrera global en ciencia, inteligencia artificial, medicina, energías limpias y patentes tecnológicas. Apostar contra ellas es, literalmente, dispararse en el pie.

Por supuesto, hay desafíos en las casas de estudio: desigualdad en el acceso, diversidad ideológica limitada en algunos campus, y una burocracia que a veces se aísla de los problemas sociales. Pero ninguna de estas tensiones se resuelve con ataque ni con censura.

En Moby-Dick, la obsesión del capitán no sólo lo consume a él, sino que arrastra a todos los que lo siguen al fondo del mar. Las universidades no son el enemigo. Son el activo más estratégico de cualquier nación.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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